Un poder muy especial

MARATÓN PINCELERO 2024

Yreudy Villalba

5/4/2024

Son las 5:00 a.m. y el reloj despertador rompe el silencio de aquella habitación en la que Carlos duerme plácidamente. El perturbador sonido de aquella cajita de tiempo, apenas acaricia su piel, con las ondas de un sonido que no puede escuchar y una luz que tampoco puede ver. En fin, la advertencia tiene su efecto y lo pone alerta, es la hora de iniciar la jornada. Pero esta vez no es la misma rutina la que lo angustia. Esta vez está de vacaciones y por un día la jornada no sería fuera de su casa, sino dentro de ella. Piensa si en levantarse o seguir acostado en su oscuridad silenciosa. Mientras el reloj no para de sonar y vibrar, piensa en todas aquellas almas que necesitan de su ayuda, hasta que decide levantarse y apagarlo.

Esta vez está decidido. Un día nada más para relajarse en la tranquilidad de su hogar.

El primer reto era tender la cama. Que fácil, el segundo cepillarse los dientes, sin ver su apariencia, nunca la ha visto. El tercero prepararse el desayuno, no hay ningún problema. Dos huevos, dos rodajas de pan con jamón y queso y un jugo de naranja.

Todas eran actividades que siempre hacia. La única diferencia era que esta vez no tenía que usar su superpoder para enseñar a ser independiente a todos los inocentes que al igual que él, no podían ver, ni escuchar.

Todo iba marchando bien hasta que lo impensable pasó. De repente, mientras estaba desayunando sintió un impacto muy fuerte en el cristal de su ventana. Una pequeña criatura había impactado contra el cristal, rompiéndose un ala.

El estruendoso golpe hizo que Carlos saliera al patio y tanteara la vibración de aquel aleteo desesperado, hasta encontrarla allí tirada en el piso, herida de muerte.

Sentir el sufrimiento, de aquel ser alado, inevitablemente lo alejó de sus tareas diarias. Allí estaba nuevamente ayudando y con gran gusto. Aunque sus ojos no la podían ver, sus manos la podían sentir. Era invierno, y hacía mucho frío, así que la llevo dentro de la calidez de su casa, y la abrigo con un pequeño pañito suave y seco que tenía en su cuarto.

Aquel día se lo dedicó por completo a aquella pequeñita criatura, olvidándose de su descanso y de las tareas que ya había planificado.

La baño, le dio de comer, estuvo allí con ella sin saber de qué se trataba.

Al final del día, algo milagroso pasó. El ala que se había quebrado ya no estaba rota y aquel pequeño ser alado, que aún no sabía que era, empezó a volar alegre por toda la casa. No importa que Carlos no la viera o la escuchará. La alegría de volver a ser libre y estar sana se sentía en aquel pequeño espacio.

De la nada, Carlos empezó a sentir como la venda de los ojos que lo había cegado toda su vida, empezó a caerse y frente a él una pequeña criatura alada envuelta en luz le agradecía. Por primera vez Carlos podía ver las formas, los colores, su rostro y también al ser alado que había cuidado, que en realidad resultó ser un ángel. Desde aquel día y poco a poco su vista y su oído fueron despertando, y aunque ya viera y escuchará, siguió ayudando a otros a aprender a usar sus otros sentidos para que fueran independientes.