Un día "normal"
MARATÓN PINCELERO 2024
Aura Painone
5/4/2024
El sol se colaba por las rendijas de las persianas, golpeando mis párpados con insistencia. Un gruñido escapó de mi garganta mientras me estiraba, tratando de aplacar el dolor muscular que aún persistía después de la batalla épica de la noche anterior. No contra un villano de proporciones épicas, no señor. Contra una pila de ropa sucia que amenazaba con devorar mi pequeña lavandería.
Con un suspiro resignado, me levanté de la cama y me dirigí a la cocina. El aroma a café recién hecho me invadió las fosas nasales, una pequeña recompensa por las horas de lucha contra calcetines rebeldes y sábanas traicioneras.
Mientras sorbía mi café, observaba a mi familia reunida en la mesa. Mi esposo, Carlos, leía el periódico mientras que mis dos hijos, Ana y Tomás, discutían sobre quién había ganado la última partida de videojuegos. Una oleada de ternura me invadió, pero también una punzada de frustración.
"¿Otra vez?", pensé con amargura. "¿No se dan cuenta de que tengo cosas más importantes que hacer?".
Sí, era cierto que tenía una familia adorable y un hogar acogedor. También era cierto que era la superheroína más poderosa del planeta, capaz de volar a velocidades supersónicas, levantar edificios con una sola mano y lanzar rayos láser por mis ojos. Pero, por alguna razón inexplicable, mi familia parecía incapaz de comprender que mis superpoderes no eran para lavar platos o tender la ropa.
"¡Mamá, ayúdame a subir la cremallera del vestido!", gritó Ana desde su habitación.
"¡Ya voy!", respondí con un tono un poco más áspero del que hubiera deseado.
En un abrir y cerrar de ojos, ya estaba en la habitación de mi hija, usando mi supervelocidad para subir la cremallera en un santiamén. Ana me miró con una sonrisa radiante, ajena a la tormenta que se gestaba en mi interior.
"¡Gracias, mamá! Eres la mejor", dijo mientras se giraba para admirarse en el espejo.
"Sí, claro", murmuré para mí misma. "La mejor para subir cremalleras".
El resto del día transcurrió en una sucesión de pequeñas batallas domésticas. Usé mi telequinesis para ordenar la despensa, mi visión de rayos X para encontrar las llaves perdidas de Carlos y mi fuerza sobrehumana para abrir un tarro de mermelada que parecía estar sellado con cemento.
Cada vez que usaba mis poderes para una tarea trivial, la frustración crecía dentro de mí como una bola de nieve. Sentía que estaba desperdiciando mi potencial, que estaba viviendo una vida a medias.
Finalmente, no pude aguantar más.
"¡Ya basta!", grité, golpeando la mesa con tanta fuerza que las tazas de café temblaron.
Mi familia me miró atónita, sin comprender la razón de mi arrebato.
"¡Estoy harta de usar mis poderes para cosas insignificantes!", dije con voz temblorosa. "¡Yo soy una superheroína! ¡Tengo cosas más importantes que hacer!".
Carlos se levantó de la mesa y se acercó a mí, con una expresión de preocupación en su rostro.
"Cariño, ¿qué pasa?", preguntó con suavidad.
"¡No lo entiendes!", le respondí con lágrimas en los ojos. "¡Yo podría estar salvando al mundo, pero estoy aquí, atrapada en esta rutina doméstica!".
Hubo un silencio en la habitación, solo roto por el suave tictac del reloj.
"Mamá, yo te entiendo", dijo Ana con voz bajita. "Sé que eres una superheroína, y estoy orgullosa de ti".
Tomás asintió con solemnidad, confirmando las palabras de su hermana.
En ese momento, me di cuenta de que había estado equivocada. Mi familia no solo me quería, sino que me admiraba y me apoyaba. Y aunque no lo comprendieran del todo, también valoraban mi decisión de usar mis poderes para el bien, incluso si eso significaba usarlos para lavar platos o tender la ropa.
"Tienes razón, Ana", dije con una sonrisa. "Soy una superheroína, y estoy orgullosa de ello. Pero también soy una madre, una esposa y una mujer. Y amo a mi familia más que a nada en el mundo".
Y así, con un nuevo entendimiento y una renovada determinación, me dispuse a enfrentar mi "normal" día de superheroína. Porque ser una superheroína no se trata solo de grandes batallas y enemigos formidables. También se trata de pequeñas victorias y actos cotidianos de amor y sacrificio.
