Tenebroso
MARATÓN PINCELERO 2024
Yreudy Villalba
2/4/2024
Tenebroso, esa era la palabra que te describía a la perfección sobre unas páginas ávidas de suspenso, que un día decidí llenar de desahogo con la tinta de mi imaginación y unos dedos inquietos que pedían revelación.
Describirte fue lo más sencillo, pensar en lo que ibas a hacer después de haberte creado, eso si fue lo difícil.
En mi cabeza solo circundaba la idea de que asesinaras, de que te convirtieras en el monstruo que aparentabas por fuera y que le dieras su merecido a todo aquel que osara en burlarse de ti.
De inmensas proporciones, peludo de pies a cabeza, con unos ojos profundos que se perdían entre aquella piel oscura como la noche y con colmillos pronunciados que sobresalían de unos labios grises y arrugados, ese fue el inicio de este cuento disfrazado de fabula.
El trasfondo de aquella historia con un final feliz, donde no asesinaste a nadie, donde resultaste ser un personaje de presencia ruda e impresionante pero de actitud serena y comprensiva, posteriormente reveló la verdadera faz que inicialmente había pensado, pero no en aquella fábula, sino en la vida real.
Inspirado en alguien de carne y huesos. Saliste de un subconsciente que quería gritar a los cuatro vientos la amenaza que circundaba a mi alrededor en aquel espacio lleno de inocentes, pero que la mordaza de la prudencia no dejaba revelar.
Buena gente así te decían al principio, pero yo sabía que detrás de aquella máscara, el monstruo que tratabas de ocultar algún día saldría y esta vez no quedaría atrapado entre las páginas de una historia, estabas más cerca de mi de lo que hubiese querido.
Era inevitable sentir miedo al sentir tu presencia, aunque aquella voz aguda e infantil tratará de disimular aquel aspecto. Tus movimientos, esa mirada, la respiración acelerada que a veces no podías controlar al no ser complacido me ponían alerta, sabía que en cualquier momento explotarlas.
No podía quedarme de brazos cruzados, antes de que lo hiciera, tenía que hacer algo.
Por mi cabeza pasaron tantas maneras de hacerlo. Una viuda negra en su asiento, una jeringa con veneno en su buzón de correo, unas gotas de cianuro en su café. Estaba esperando el momento.
Cada día se hacía más evidente lo que hacía. Entraban a su despacho y después de una larga conversación al día siguiente no venían. Uno a uno desaparecían, sin explicaciones.
Sabía que hoy era el día. Era prácticamente el único que quedaba. En su "Buenos días" impregnado de hipocresía lo veía. Ese era el gancho. Lo vi limpiándose los colmillos, o afilandolos. A este punto ya lo sabía.
Era inevitable, sudar y temblar cuando me llamo a su oficina. Era mi turno. pero ya iba preparado. A mi no me iba a pasar.
Saqué de mi bolso el arma con el que papá mató a mamá, y tembloroso le apunte, justo entre aquellos dos ojos brillosos que por un momento rogaban piedad.
En ese momento mi dedo lo hizo. No fui yo. Fue él.
En su escritorio pude ver cómo la sangre se derramaba sobre aquella carta de promoción, donde me nombraba nuevo director, el último de la estructura de aquella nueva organización.
