Sin retorno

MARATÓN PINCELERO 2024

Yreudy Villalba

3/4/2024

Solo recuerdo mis manos temblorosas, mucha sangre y el cuchillo cayendo al suelo. Se repetía una u otra vez Javier, mientras deambulaba tambaleante por aquella carretera oscura y solitaria.

Hacía apenas dos semanas que había llegado al pequeño pueblito que lo vio crecer y todo marchaba bien, hasta esa noche en que se topó con los viejos amigos de la escuela.

El motivo de su regreso a su tierra natal, nunca nadie lo supo, dicen que solo regreso a cerrar un asunto de herencia después de la muerte de su padre, otros dicen que había descubierto después de muchos años que tenía un hijo del cual no sabía desde que se había ido a la ciudad. Lo que si es cierto es que aquella noche, estaba perdido, su memoria se había borrado por completo desde ese momento nefasto en el que se baño de sangre. El demonio que lo había invadido por un instante había abandonado su cuerpo llevándose con el, la ira y el resentimiento acumulado por tantos años.

Mientras caminaba aún con la ropa rasgada, con heridas defensivas, cubierto de pies a cabeza de sangre que no era la suya, seguía tratando de escudriñar entre sus recuerdos más recientes que era lo que había hecho y a quien había masacrado con tal grado de violencia.

De repente, un carro de la policía se fue acercando a él, poniendo las luces en alto e indicándome con unos parlantes que pusiera las manos en alto y se arrodillara.

Un policía se bajó del vehículo, lo tiró contra el suelo, lo esposo y lo monto en el vehículo, llevándolo a la estación de policía de aquel pueblo.

En aquella sala de interrogatorio empezó la interpelación. Preguntas para las que Javier no tenía respuesta.

¿Que hiciste? —Repetía el detective, una y otra vez—

Y él decía lo mismo. Solo recuerdo mis manos temblorosas, mucha sangre y el cuchillo cayendo al suelo.

Cuando ya llevaba repitiendo lo mismo tres horas exactamente, la puerta de aquel claustro de tortura psicológica, se abrió, dando paso a un mensajero con una nota. Habían encontrado a la víctima.

Los signos de violencia en aquel cuerpo descuartizado, denotaban mucha ira. Cuarenta puñaladas, el miembro cortado y metido en la boca, le habían extraído los ojos y cortado la lengua, habían signos de violación sexual evidente y en su pecho una frase reveladora: "Para que no sigas violando niños".

Lo más impactante de aquel descubrimiento era el personaje sobre el cual habían descargado tal irá: El cura de aquel pequeño pueblo, del que nunca se había escuchado algún asesinato.

En aquella mesa de interrogación, Javier vio las fotos de la supuesta víctima. En ese momento la memoria que se había perdido, regreso desde las tinieblas del olvido. Un olvidó que se remontaba a aquellos tiempos de infancia, donde era monaguillo de la iglesia.

En ese momento, recordó cuando aquel cura, personalidad caritativa para muchos, digno ejemplo de decencia y valores en aquel pueblo, se aprovechó de su inocencia y de muchos otros niños que iban a aquel centro de purificación espiritual, sin que alguien hiciera nada.