Equilibrio Doméstico

MARATÓN PINCELERO 2024

Zeuxis Villalba

5/4/2024

Ocurrió con su abuela, con su madre y ahora le pertenecía a ella. Emma había heredado un grandioso don: El superpoder de multiplicarse. Lo descubrió por casualidad al cumplir la adultez y según cuenta su hija Isabel, había llegado en el momento justo en su vida, cuando más lo necesitaba.

Un día, cuando Emma se encontraba atendiendo a sus suegros en su casa, la desesperación la invadió al ver la cantidad de platos sucios acumulados en la cocina. Ella odiaba lavar los platos y allí tenía una cantidad infinita de platos, ollas, envases y todo tipo de cubiertos esperando por ella. Nadie más en casa era capaz de realizar ese trabajo sucio y odiado.

Toda la familia decidió salir a conocer la ciudad y ella se quedó en casa con la excusa de estar un poco resfriada. En ese momento se sintió mal emocionalmente por mentirle a su propia familia, pero era necesario. Necesitaba tiempo para lavar el arsenal de platos sucios y limpiar todo el desastre acumulado.

Cuando al fin la dejaron sola, tuvo tiempo de pensar bien por dónde empezaría, y fue en ese momento cuando sin darse cuenta, en cuestión de unos pocos minutos, terminó de hacer todo: Se había presentado su poder de multiplicarse cuando más lo necesitaba.

Emma sintió un cosquilleo y de pronto un alivio inmediato. Lo que antes le tomaba medio día ahora le tomaba unos pocos minutos. Era asombroso y liberador, ahora tendría tiempo para ella misma.

Todo marchaba de maravilla hasta que surgió una duda en su mente, ¿Acaso era ético utilizar su superpoder para realizar todas las actividades en casa?, ¿Estaría haciendo daños a sus seres queridos por simplificar su vida al punto de volverlos dependientes e inútiles?, algo no estaba bien.

Multiplicarse para realizar las tareas del hogar se volvió adictivo, Emma quería disminuir el uso de este poder para ayudar a los demás a no ser inútiles pero cuando disminuía su capacidad, empezaban los problemas.

La basura se acumulaba, la ropa sucia se desbordaba y no se respiraba paz en el ambiente. Todos estaban molestos porque Emma no se encargaba de multiplicarse bien para mantener todo en orden y ella comenzaba a agotarse cada vez más.

La situación alcanzó su punto crítico, cuando Emma sobrecargada de tareas comenzó a enfermar y las Emmas multiplicadas aparecían muertas en diferentes rincones de su casa. La descomposición de los cuerpos era más rápido de lo normal, el olor era insoportable y no había nadie que tuviese el valor de recoger aquellos cuerpos en descomposición.

Fue en ese momento cuando Emma decidió enfrentar a todos en casa y decirles que estaba cansada de realizar todas las labores. Si no llegaban a un acuerdo, ella moriría.

Aquella casa quedó en silencio y tanto sus hijos como su esposo decidieron ayudar a Emma. Por primera vez en mucho tiempo Emma se sentía feliz, había entendido las razones que tenían su abuela y su propia madre para no revelarle con anticipación el uso de aquel superpoder.

Los cuerpos multiplicados de las Emmas en descomposición desaparecieron mágicamente y nunca más se les vio realizar tareas que no les correspondían. La familia había aprendido a distribuir cada una de las tareas y Emma trataba de no multiplicarse tan seguido.

Solo se multiplicaba de vez en cuando para ir a buscar a sus hijos a la escuela y para comprar algunas cosas en el supermercado, y alguna que otra vez para ignorar las conversaciones sin sentido de la vecinas chismosas.

Nadie se daba cuenta, era un secreto entre ella y sus Emmas internas para lograr el tan anhelado equilibro doméstico.