El último golpe

MARATÓN PINCELERO 2024

Aura Painone

2/4/2024

Solo recuerdo mis manos temblorosas, mucha sangre y el cuchillo cayendo al suelo.

Un escalofrío recorre mi cuerpo, no solo por el frío del amanecer que se cuela por la ventana rota, sino por el terror que aún impregna mis huesos. Mis manos, todavía manchadas de rojo, tiemblan sin control. El cuchillo, con el que solo unos minutos antes defendía mi vida, yace en el suelo, frío y silencioso.

Un golpe seco me devuelve a la realidad. Mi agresor, tirado en el suelo, gime de dolor. Su rostro, antes lleno de furia y desprecio, ahora es una máscara de miedo. La adrenalina que me daba fuerza se desvanece, dejando paso a una oleada de náuseas.

¿Qué he hecho?

La pregunta resuena en mi cabeza mientras me tambaleo hacia el baño. El espejo me devuelve la imagen de una mujer que no reconozco. Ojos desorbitados, rostro pálido, labios temblorosos. Una mujer que ha luchado por su vida, que ha sobrevivido.

Las imágenes de la noche anterior me asaltan. Los gritos, los golpes, la impotencia. Una y otra vez, el mismo ciclo de violencia que me ha aprisionado durante años. Pero esta vez, algo se rompió dentro de mí. Una fuerza interior, un instinto de supervivencia, me empujó a luchar.

No sé cuánto tiempo estuve en el baño, lavando la sangre de mis manos, tratando de borrar el horror de mis ojos. Cuando salgo, mi agresor ya no está. Se ha ido, dejando un rastro de silencio y destrucción a su paso.

No sé qué me depara el futuro. La policía está en camino, y no estoy segura de si me arrestarán por defenderme. Pero una cosa sí sé: no voy a volver a ser víctima. He escapado del infierno, y no voy a permitir que me atrape de nuevo.

Los minutos se convierten en horas mientras espero la llegada de la policía. La incertidumbre me consume. ¿Qué me depara el futuro? ¿Me considerarán culpable por defender mi vida? Las imágenes de la noche anterior se repiten en mi mente como un carrusel macabro. Gritos, insultos, golpes. El filo del cuchillo rozando mi piel. La sangre caliente manchando mis manos.

Un golpe en la puerta me saca de mi trance. La policía ha llegado. Tomo una bocanada de aire y abro la puerta. Los oficiales me miran con una mezcla de compasión y sospecha. Les relato lo sucedido, con la voz temblorosa y el corazón palpitando en mi pecho. No sé si me creen, pero no tengo otra opción que confiar en ellos.

Mientras me escoltan a la estación de policía, no puedo evitar mirar hacia atrás. Mi pequeño apartamento, escenario de tantas noches de terror, se va alejando en la distancia. Los días siguientes son una vorágine de entrevistas, exámenes médicos y trámites legales. La culpa y el miedo aún me atormentan, pero también siento una extraña sensación de paz. He tomado el control de mi vida, he dado el primer paso hacia la libertad.

El camino será largo y difícil. Tendré que reconstruir mi vida, aprender a vivir sin miedo, sanar las heridas físicas y emocionales. Pero estoy decidida a hacerlo. No voy a ser una víctima, ya no más. Soy una sobreviviente, y estoy lista para comenzar de nuevo.