El edificio
MARATÓN PINCELERO 2024
Zeuxis Villalba
2/4/2024
—Acaso tengo la culpa por enseñarte a matar personajes.
—Por supuesto que sí Diana, antes no podía matar ni siquiera una mosca y ahora he matado mosquitos, moscas y hasta peces en mis escritos. Deberías sentirte mal por eso, parezco esos psicopatas que empiezan matando animales indefensos y luego terminan aniquilando a más de cien personas.¡Que horror!, un asesino serial.
—¿Es en serio Víctor Hugo?. Por cierto, no recuerdo haber leído que matarás un pez. En tu cuento Glup, Glup y sus secuelas, era el pez el asesino. Pero…¿Disfrutas matarlos?.
—No lo sé, no estoy seguro. Al principio solo quería experimentar si era capaz de hacerlo bien y ponerles una sentencia con mi lápiz, pero luego sin darme cuenta comencé a eliminar a toda esa gente incómoda a mi alrededor.
—Entonces no es culpa mía, todo ese deseo lo tenías reprimido y lo has dejado salir. No tienes por qué sentirte mal por matar personajes desagradables, al contrario estás haciendo bien. ¿Cuál es es el problema ahora?. Pasa la página y ve a prepararte una sopa o tómate algo y olvida todas esas ideas extrañas.
—El problema Diana, es que he matado a casi todos mis vecinos. Estoy a punto de quedar sola en este edificio y la única persona que me queda cerca eres tu. ¿Cómo crees que me siento ahora?
—¿Queeee?, ¿Te has vuelto loco?. Ni se te ocurra ponerme un nombre y crearme un escrito. Me niego a desaparecer de tu vida. Yo entiendo que hayas decidido matar al morboso del 10-08. Era una persona sumamente molesta y desagradable, demasiado asqueroso para mis gustos, ¡Zas!. Ni hablar de los fumones malvivientes y ruidosos del 12-08, pero escúchame bien Víctor, no tienes motivos para convertirme en uno de tus personajes…
Al terminar de colocar los tres puntos suspensivos, Ana dejó de escribir y se levantó de su intento de escritorio. Todo estaba en silencio, hace días que no llegaban nuevos inquilinos. Luego de reírse un poco y meditar mientras se preparaba una rica sopa, decidió matar a Diana en el escrito, al día siguiente. Solo debía esperar un poco.
Luego de tomarse la sopa, y comprobar en cada sorbo que era justamente lo que necesitaba para relajar sus pensamientos y bloqueo de escritor, tomó las llaves y salió a dar un paseo como de costumbre. El día ameritaba salir, no había ni mucho calor ni mucho frío. Estaba perfecto.
Cuando intentó abrir la puerta no pudo. Algo le impedía salir, luego de varios intentos tomó el citofono para notificar el incidente en conserjería. Al parecer se trataba de una mudanza y su puerta quedó cerrada con el colchón gigantesco de un vecino nuevo inconsciente.
Cuando Ana pudo por fin salir, se encontró con un desastre en los pasillos. Trato con todas sus fuerzas de no darle importancia al asunto y se apresuró a marcar el ascensor. De pronto escuchó una voz rasposa familiar. Al darse la vuelta quedó horrorizada.
Allí se encontraba una mujer morena de ojos verdes hablando con un joven rubio. Eran iguales a ellos, los personajes de su escrito. Lo más asombroso de todo ocurrió cuando se subieron al ascensor.
—Hola vecina, mucho gusto mi nombre es Diana. Espero no haberla incomodado con la mudanza.
—Un placer, mi nombre es Ana, contestó con voz temblorosa.
Ana no podía entender lo que estaba sucediendo, los once pisos se hicieron eternos, un descenso interminable. Comenzó a sentir un calor agotador y antes de llegar a la planta baja, justo antes de salir, se sintió sin fuerzas. No escuchaba nada y de a ratos la imagen de aquellos dos personajes creados por ella la tomaban y agitaban una y otra vez como tratando de revivirla. En ese momento Ana lo entendió todo, Diana no se iba a dejar matar fácilmente, se había adelantado un día.
Mientras tanto, en algún lugar de ese edificio aún sin nombre, un lápiz puso un punto final a un escrito. Un personaje nuevo sin rostro y sin nombre conocido se preparaba para comenzar una nueva historia.
