De cómo Acquaman limpia su casa
MARATÓN PINCELERO 2024
Lisbeth Jones
5/4/2024
Eso de conectarse con el mundo marino es fascinante y delicado. Imagínate por un momento poder decir, por ejemplo, hoy quisiera comerme un pargo en el horno y que sea fresco y jugoso, acompañado de un coctel de camarones y unos langostinos al ajillo.
De inmediato, el pensamiento se transmite al Gran Océano y éste en su magnificencia decide enviarte uno o dos a la orilla que cumplen con ese deseo y además el océano considera son parte de la cadena alimenticia del humano, por lo que escoge en su inmensidad aquellos que cumplen el deseo y expectativas de Acquaman, Rey de los Océanos.
Eso seria genial, así como de pronto pasear a máxima potencia encima de un delfín por las costas de Coche o Sant Marteen. En definitiva, es un gran don eso de ser el Rey de los Mares y océanos.
Pero, ¿qué pasa cuando el Rey debe vivir en tierra firme? ¡¡Ohh!! allí se complica la situación. Porque es que limpiar en tierra no es lo mismo que limpiar en el mar. Es decir, en el mar todo es cuestión de concentración y órdenes a cada pez pues, pero en tierra, ¡uy no!
Él no sabía nunca por dónde empezar.
Su casa estaba ubicada en el risco, frente al enorme faro que noche tras noche acompañaba a todos los navegantes. Tres habitaciones, un baño, un salón inmenso y grandes ventanas. También tenía una chimenea para los tiempos de invierno.
Entonces cada vez que llegaba ese día de limpieza, se colapsaba. Por un lado, había siempre arena por todos lados. ¡Una vez sacudió el tridente para ver si de esa forma podía al estilo de una aspiradora mágica y sacaba toda la arena acumulada y pues no!
Solo consiguió revolver todo el mobiliario que cayó al piso producto del fuerte impacto de las ondas del tridente.
Debía entonces con cuidado y suma concentración invocar aquellos animales acuáticos que pudieran ayudarle. Enseguida, cangrejos, caracoles, serpientes y todo tipo de moluscos acudían al llamado para sacar la arena. Uff!!! Listo por fin la barrida de la casa.
Paso siguiente, debía coletear. Con un chasquido de las manos empapaba todo y pasaba la mopa. De un lado a otro iba y venía. Eso también era un problema, porque siendo de agua como era, por un lado, recogía y a su paso volvía a mojar. Total, a la final era un chiquero de agua que solo se secaba si abría las ventanas y el sol y el viento ayudaba en su arduo trabajo.
Finalmente, y no menos importante, la cocina. Oh, la cocina ese lugar donde saciaba su apetito que como sabemos es inmenso y desbordante. Allí no sabia nunca como empezar, hasta que un día los señores Calamar y Pulpo se acercaron a visitarle y le propusieron:
Nosotros te ayudaremos a limpiar la cocina si prometes no comernos en un momento de esos tuyos locos de hambre insaciable.
¿Estás de acuerdo?
Enseguida asintió. Así pudo ver como su cocina estaba mejorando en orden y arreglos, porque vale decir que el Rey del Mar muy Rey muy poderoso, muy Super Amigo y miembro de la liga de la Justicia era en el fondo, un desordenado empedernido.
Acordaron entonces, tridente bajito para sacudir el polvo, amigos moluscos para ordenar el reguero, Pulpo y Calamar a la cocina siempre y el cual Rey cerveza en mano, blandiendo el tridente observaba como el infernal día de limpieza se convertía en un momento de reunión con sus amigos.
